La conexión intestino-piel

Cómo la alteración de la función intestinal puede afectar a la salud de tu piel


Actualmente, se está hablando mucho del eje intestino-cerebro, es fascinante descubrir las importantes y diversas conexiones que existen en nuestro cuerpo.
Sin embargo, hoy nos adentraremos en un eje donde se incluye también la piel. Este eje triangular es el llamado intestino-cerebro-piel, lo he estado estudiando durante bastante tiempo, y su mecanismo es muy interesante, y te puede ayudar a entender y solucionar tus problemas crónicos de piel.
En 1930, diferentes investigadores ya sospechaban de un vínculo entre el intestino y la piel, de hecho, ya lo decía Hipócrates de Cos, el padre de la medicina occidental. "El intestino es la puerta de entrada de todas las enfermedades". Actualmente, la investigación moderna ha confirmado la importancia de esta relación. De hecho, los estudios actuales afirman que si deseas curar tu piel, deberás cuidar tu intestino.

1. Las asociaciones entre los trastornos intestinales y enfermedades de la piel
La evidencia epidemiológica muestra una clara asociación entre los problemas intestinales y los trastornos de la piel. Un informe reciente indicó que un sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado (SIBO), una condición que implica un crecimiento inadecuado de bacterias en el intestino delgado, es 10 veces más prevalente en personas con acné que en personas sanas, y que la mejora del SIBO en estos individuos condujo a una marcada mejora del acné (1). Curiosamente, el 14% de los pacientes con colitis ulcerosa y el 24% de los pacientes con enfermedad de Crohn tienen manifestaciones en la piel. Es interesante saber que, acaba de salir un estudio publicado mostrando un medicamento que normalmente se utiliza para tratar la psoriasis, también es eficaz para la enfermedad de Crohn, una enfermedad intestinal. La enfermedad celíaca también tiene manifestaciones cutáneas, como la dermatitis, que sucede en 1/4 de los pacientes celíacos. Las personas diagnosticadas como celíacos, también han aumentado la frecuencia de las lesiones de la mucosa oral, alopecia y vitíligo. (2)

2. Cómo una función intestinal alterada afecta a la función de la piel
La permeabilidad intestinal (también conocida como "intestino permeable") también es un factor que puede originar problemas en la piel. Esta sintomatología intestinal se caracteriza por la existencia de "fisuras" intestinales que permiten que ciertas toxinas que están en el intestino puedan traspasarlo a través de estas fisuras y entrar en la sangre. Como podrás suponer, esto no es bueno para nosotros, ya que estas sustancias en la sangre producen problemas de salud, como por ejemplo, problemas en la piel.
En un estudio de 80 pacientes, las personas con acné tenían niveles más altos de reactividad a los lipopolisacáridos (LPS) son toxinas que se producen en un intestino permeable. Estas minúsculas toxinas pueden ir a la sangre y producir diferentes problemas de salud, entre ellos, los problemas de piel. No obstante, ninguna persona sana reaccionó a estas toxinas, mientras que el 65% de los pacientes con acné, sí reaccionaron. Los dos estudios sugieren que el aumento de la permeabilidad intestinal es un problema para un número significativo de pacientes con acné. (4)
 
Ahora que ya sabemos qué es un intestino permeable, también debemos saber que puede existir una "piel permeable". La función principal de la piel es actuar como un sistema de defensa antimicrobiana, de agentes físicos y químicos. Los estudios han demostrado que el estrés y una mala función intestinal pueden poner en peligro la integridad y la función de protección de tu piel (5).
 
La flora intestinal influye también en la piel. La sustancia P es una sustancia producida en el intestino, el cerebro y la piel que juega un papel importante en enfermedades de la piel. Una alteración de la microbiota intestinal promueve la liberación de la sustancia P, en el intestino y la piel, sin embargo, los probióticos pueden atenuar esta respuesta, mejorando los síntomas (6).

3. Los probióticos mejoran las condiciones de la piel
Otra línea de evidencia que sugiere una conexión entre el intestino y la piel es la observación de que los probióticos mejoran los problemas de la piel. Tomar los probióticos orales han demostrado disminuir los lipopolisacáridos, mejoran la función de barrera intestinal y reducen la inflamación. La primera vez que se pudo investigar que la utilización de un probiótico era positiva para mejorar las enfermedades de la piel, fue en 1961 por un científico llamado Robert Siver. Siguió a 300 pacientes que recibieron un probiótico disponible en el mercado y vieron que el 80 por ciento de las personas con acné mejoraron (3).
Por lo tanto, actualmente podemos decir que el intestino es un órgano que se ha de tener muy en cuenta para cualquier problema de dermatitis, acné, psoriasis, eczema, urticaria, etc. Come alimentos saludables para tu intestino y toma probióticos de calidad durante 1 mes. Mejorarás tu salud intestinal y dermatológica.

Bibliografía
  1. Andrea Parodi, et al. “Small intestinal bacterial overgrowth in rosacea: clinical effectiveness of its eradication.”Clin Gastroenterol Hepatol. 2008 Jul; 6(7): 759–764. Published online 2008 May 5. doi: 10.1016/j.cgh.2008.02.054
  2. Ulpu Saarialho-Kere “The gut-skin axis”J Pediatr Gastroenterol Nutr. 2004 Jun; (Supp3): S734–S735.
  3. L. Juhlin, G. Michaëlsson “Fibrin microclot formation in patients with acne”. Acta Derm Venereol. 1983; 63(6): 538–540.
  4. Slominski A. “A nervous breakdown in the skin: stress and the epidermal barrier”. The Journal of Clinical Investigation. 2007;117(11):3166-3169. doi:10.1172/JCI33508.
  5. Audrey Gueniche, et al. “Lactobacillus paracasei CNCM I-2116 (ST11) inhibits substance P-induced skin inflammation and accelerates skin barrier function recovery in vitro”. Eur J Dermatol. 2010 Nov–Dec; 20(6): 731–737. Published online 2010 Oct 22. doi: 10.1684/ejd.2010.1108.
  6. F. Marchetti, R. Capizzi, A. Tulli “Efficacia dei regolatori della flora batterica intestinale nella terapia dell'acne volgare”. Clin Ter. 1987 Sep 15; 122(5): 339–343.
      

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